Milei impuso una fecha al Pacto y las leyes

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El 8,8% de inflación de abril es una muy buena noticia. Y, por más que sea casi la única que el gobierno puede ostentar hasta aquí, al menos en materia económica, es doblemente importante porque augura otras buenas nuevas por venir: el índice volverá a bajar en el mes en curso y es muy probable que siga esa dirección en los siguientes, hasta perforar una nueva meta que el gobierno se ha impuesto, la del 5% mensual.

Porque la confianza que se ha ganado el equipo económico en estos meses dependió, en gran medida, de haberse dado metas, pero no plazos. O, al menos, ser ambiguos con estos últimos, no fuera a ser que, por exagerar en la dosis de optimismo que todo funcionario tiene que saber administrar, perdieran credibilidad por crear expectativas que no se pudieran satisfacer, y terminar entonces dando explicaciones por supuestos fracasos.

En una situación tan compleja como la que enfrenta el gobierno, con un manejo tan acotado del poder como el que ha conseguido, y teniendo que lidiar con un montón de variables que no controla, o controla muy parcialmente, le resulta por demás conveniente manejar los tiempos de la forma más laxa o ambigua que sea posible. Aun al precio de realimentar, en cierta medida, los problemas de incertidumbre.

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