Arrepentidas del Polo Obrero detallaron el mecanismo de extorsión y venta de alimentos del Estado

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La investigación sobre los comedores fraudulentos y las extorsiones a los beneficiarios sigue sumando datos, denuncias y arrepentidos. Es el caso de Rozy Giménez y Miguela Vera, una exdelegada y una exbeneficiaria del Polo Obrero en Villa Zabaleta (Villa 21-24), que ratificaron que era ellas quienes les cobraban una mensualidad a los beneficiarios y amenazaban a quienes no fuesen a marchar.

Esta denuncia apunta a “Pavimento Alegre”, que figuraba como comedor, pero de acuerdo con Vera y Giménez, era un centro de distribución de alimentos que funcionaba en la villa Zabaleta. Asimismo, ambas confirmaron que veían a Jeremías Cantero, el segundo de Eduardo Belliboni, supervisar en el lugar.

Giménez, como delegada, estaba obligada a contactar a la gente para las marchas, pero también tenía que estar en el “comedor” para “cobrar las cápitas”: “Las cápitas son lo que ellos llaman una prestación, le sacan a la gente el 2% de lo que cobra”, señaló.

Explicó que las cápitas varían según el monto del plan que recibe cada beneficiario: “Está el Potenciar (Trabajo) normal, el esencial y está el nexo. Obviamente, si cobrás más, te sacan más”. La exdelegada cumplía las órdenes sin tener una certeza del destino de esa recaudación. “Cuando yo preguntaba a dónde iba esa plata, me decían que era para los camiones cuando hay movilizaciones, para el alquiler de los locales”.

Quienes no pudiesen pagar el porcentaje exigido, eran amenazados con “cortarles” el plan, confirmó Giménez. Sumado a la mensualidad, contó que el Polo Obrero cobraba por los alimentos en el centro de distribución “Pavimento”. Los alimentos que llegaban del Ministerio de Desarrollo Social eran retenidos allí hasta que los beneficiarios pagaran. De lo contrario, no podían retirarlos. “Ahora, están cobrando $1.000 por entregar la mercadería y $500 por la entrega de frescos. Quien no tenga para pagar, no le entregan”.

La exdelegada confesó estar aliviada de que la realidad se conociera: “La verdad, yo nunca me alegro de la desgracia ajena, pero ya se lo merecían, ya era hora, porque se habían reído de tanta gente que necesita”.

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