La durísima derrota republicana en las elecciones de medio término dejó a Donald Trump maniatado en la Casa Blanca por un futuro Congreso bajo absoluto dominio demócrata y dejó abierto el camino para la sucesión presidencial de 2028.
El mandatario estadounidense perdió gran poder de maniobra en la política nacional y deberá lidiar no solo con las trabas que le imponga la oposición en el Parlamento. También quedará expuesto a fuertes presiones políticas e intentos de judicializar sus dos últimos años de mandato.
Fue un histórico voto castigo por la guerra en Irán y sus consecuencias económicas que dejó a los demócratas con mayorías en ambas cámaras del Congreso y debilitó a un presidente que amenaza ahora con gestionar a través de órdenes ejecutivas y vetos.
“Trump se concentrará en las áreas donde los presidentes estadounidenses tienen poder, o sea política exterior y seguridad nacional”, dijo el analista internacional Fabián Calle.
















