0
12

Cintia Díaz Orellana tenía 20 años. Era mamá de un nene de cuatro y la mayor de cuatro hermanos, a quienes cuidaba todos los días. Al mediodía, cuando sus padres se iban a trabajar, les preparaba la comida y los llevaba a la escuela. Por las noches, cursaba la secundaria porque soñaba con estudiar una carrera. Tenía proyectos, pero le arrebataron la vida. Su novio, Gastón Ramírez, fue imputado como el único acusado del femicidio.

Ella salió a bailar el viernes junto a su pareja. De acuerdo a los testigos, se pelearon dentro del boliche y la discusión continuó a la salida. Estaban por volver a la casa cuando él empezó a pegarle hasta desfigurarle la cara. La dejó tendida en el piso, inconsciente, y se fue.

Mientras Ramírez iba a la comisaría a entregarse, llamó a una ambulancia para alertar que había un cuerpo en la esquina. “Me mandé una cag***”, admitió ante la Policía y quedó detenido.

La familia de Díaz Orellana se enteró cerca de las 6.10 del sábado, cuando les avisaron que su hija estaba internada en el hospital Del Carmen de Metán. “Salimos para allá y nos dijeron que tenía golpes en el cráneo, en la cara, en los ojitos. Ahí el comisario le explicó la situación a mi señora”, contó Ariel, padrastro de la joven.

La joven fue derivada de urgencia al hospital San Bernardo, en Salta capital: “Estuvimos todo el día allá. No pudimos hablar con ella porque estaba en estado crítico. Estaba inconsciente y no se movió ni habló más. El domingo falleció”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí