“Vendimia, Alma y Gloria de mi Ciudad”: la cuenta regresiva ya empezó en el Parque Cívico

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Mientras la fiesta departamental se acerca, objetos, telas, maderas y cuerpos en movimiento afinan los últimos detalles de una Vendimia que promete celebrar este viernes la identidad y el espíritu de la Ciudad de Mendoza.
Faltan horas. El escenario espera en silencio, las luces se prueban una y otra vez y, en distintos puntos de la Ciudad de Mendoza, manos, telas, maderas y objetos siguen encontrando su forma final. Es que este viernes 6, desde las 20.30 h y con entrada sin costo, el Parque Cívico será el epicentro de la Vendimia de la Ciudad de Mendoza 2026, pero la fiesta ya late con fuerza en cada rincón del detrás de escena.

Esperando el brillo del estreno, la gesta vendimial se construye desde hace semanas en las salas de la Nave Cultural. Allí, más de 300 artistas ensayan coreografías, movimientos y escenas que darán vida a “Vendimia, Alma y Gloria de mi Ciudad”.

Mientras esa masa artística toma cuerpo, otras patas creativas -vestuario, utilería, traspuntes, escenografía, audiovisuales- trabajan a contrarreloj para que todo esté listo cuando se levante el telón. A cargo de esta producción de la Vendimia de la Ciudad de Mendoza se encuentran la Subsecretaría de Cultura y el resto de las áreas municipales que hacen posible la fiesta departamental.

En lo específicamente artístico, un estudio de grabación alberga como un tesoro los sonidos de esta Vendimia departamental 2026. Músicos, técnicos y toda la Orquesta Municipal trabajan sin estridencias para crear y ejecutar melodías originales que jugarán un rol destacado en el espectáculo.

En el área de vestuario, el ritmo es intenso y casi sin pausas. Allí, Silvia Orduña, con cinco vendimias en su trayectoria, coordina un universo de más de 150 prendas que se distribuyen entre vestuarios folclóricos, contemporáneos y de actores y actrices.

Además, cada diseño responde a uno de los 12 cuadros del espectáculo, más la obertura y el final, y dialoga con una paleta amplia donde conviven colores institucionales, tonos brillantes, lo cuyano más tradicional y sus versiones más modernas.

“La Vendimia de Ciudad nos permite crear en libertad, mostrar cosas nuevas”, resume Orduña, mientras un equipo de modistas ajusta, cose, da puntadas y cortes finales a las telas y prueba detalles en los cuerpos de los artistas hasta último momento.

A pocos metros, el taller de utilería parece un gran laboratorio de ideas. Allí, Emir Vanella y Alejo Lepe despliegan animales, vegetación, herramientas de vendimia y objetos que mutan de una edición a otra de la Vendimia de la Ciudad de Mendoza.

El privilegio de contar con un taller propio de la municipalidad permite reciclar, adaptar y resignificar piezas: un elemento decorativo puede transformarse en utilería manipulada por un artista, una herramienta tradicional puede cambiar su estética para dialogar con un lenguaje más contemporáneo. Durante más de un mes, el equipo -completado por Daniel Silva– se dedica casi exclusivamente a darle vida material a la fiesta.

La escenografía, a cargo de Alejandro Castilla, propone este año un giro particular. Lejos de las estructuras monumentales de otras ediciones, el escenario se presenta como un soporte escalonado, casi piramidal, con cinco niveles de altura y sin espalda. Dos torres de luces y una torre central que integra la pantalla forman parte de una concepción abstracta que acompaña el relato. “Es una escenografía que va a cobrar sentido a medida que avanza la fiesta y que termina de completar su mensaje hacia el final, con varias sorpresas”, anticipa Castilla, sin revelar demasiado.

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