Delcy Rodríguez cumple este jueves su primer mes como presidenta encargada de Venezuela. Con escaso poder de maniobra y fuertemente condicionada por Donald Trump, la nueva líder chavista busca garantizar cierta estabilidad con un estilo pragmático alejado de dogmas ideológicos y con un discurso cada vez menos combativo.
El chavismo, tal y como se lo conoció hasta el 3 de enero, ya no existe. Con Nicolás Maduro encerrado en una prisión de Brooklyn, el flamante “delcysmo” busca subsistir con una mezcla de utilitarismo político y diplomacia de supervivencia.
Delcy Rodríguez, la “elegida” para liderar un gobierno subordinado a la Casa Blanca tras el ataque estadounidense, convive entre dos fuegos. Por un lado, la abrumadora presión militar de Trump que impuso una nueva colonia a la que le permite jugar con sus propios tintes ideológicos, y por el otro el ala más radical de un chavismo que no se resigna a perder sus privilegios, pero busca adaptarse a las nuevas reglas de poder. El objetivo es sobrevivir.
El primer mes del gobierno incluyó más de 360 excarcelaciones de presos políticos (poco menos de la mitad contabilizados por ONG en todo el país), una anunciada ley de amnistía que abarcaría el cierre del centro de detención y tortura conocido como El Helicoide, una ley de Hidrocarburos que abre la industria petrolera al capital extranjero y un calibrado “relajamiento” de la persecución y la represión oficial.



























