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Hay algunos nichos de la economía que son una «isla» en medio de la crisis. Y el destino turístico Iguazú es uno de ellos. En los últimos dos años, desde que empezó la disparada del dólar, la fuga de reservas y la Argentina tuvo que acudir al FMI, las Cataratas no pararon de crecer como lugar elegido por miles de visitantes argentinos y del exterior.

El Parque Nacional Iguazú, que alberga a los espectaculares saltos, recibirá mañana al visitante número 1,5 millón del año. Será la segunda vez en su historia que el Parque Nacional más visitado de la Argentina logra semejante marca.

La anterior fue el año pasado, cuando en los 12 meses de 2018 recibió un total de 1.522.690 turistas un récord histórico que será batido en breve. Todo en plena recesión.

Este año Iguazú batirá un nuevo récord de todos los tiempos entre el 6 y el 8 de diciembre, y superará el 1,6 millón de visitantes en todo el año, según cálculos del Iturem (el ente de turismo local).

La paradoja es que por primera vez en muchos años, la afluencia de turistas a Iguazú logró «desengancharse» de la macroeconomía argentina y crecer a pesar de la recesión y la caída de la actividad que se registró en 2018 y 2019. Nunca antes había sucedido algo así.

Desde la crisis de 2001, la afluencia de visitantes a Iguazú siempre replicaba a la economía argentina. Si había recesión, caía el número de visitantes y, si se registraba un auge o al menos un crecimiento en la actividad, se incrementaba invariablemente la cantidad de visitas a los saltos.

Sin embargo ahora, a pesar de que a la economía del país le va mal, a Iguazú le va bien y logró crecimientos de casi un 7% el año pasado y otro tanto este año.

La cantidad de pasajeros que pasan por el aeropuerto internacional Carlos Krause de Iguazú -otra buena medida de la afluencia al destino- también batirá un récord en 2019. Superará el 1,5 millón de pasajeros. Acá el incremento fue más explosivo, de la mano de la llamada «revolución de los aviones».

Efecto low-cost: Los pasajeros en Iguazú crecieron más de 50%

El año pasado, IGR -la sigla aeronáutica del Krause- superó por primera vez el millón de pasajeros. Un año después el sexto aeropuerto del país -a punto de finalizar su remodelación integral- aumentará el tráfico en más de 50 por ciento, si la tasa de incremento de pasajeros se mantiene hasta fin de año. A octubre alcanzó los 1.291.390 y cada día que pasa, bate un nuevo récord anual con un flujo diario de hasta 6000 pasajeros.

Durante el kirchnerismo, Iguazú sólo cayó en 2009, 2012 y 2013 (dos años de contracción y uno de crecimiento casi nulo). Con Macri, Iguazú registró una caída en 2016 y un repunte en 2017, el mejor año económico de la gestión saliente. Pero cuando en 2018 vino la devaluación y más tarde la economía empezó a caer, el dólar alto combinado con la explosión de las aerolíneas low-cost, generaron un boom de visitantes de todas partes del mundo.

«Los argentinos al encarecerse las salidas a otros países, eligen más el destino», explicó Patricia Durán, dueña de la agencia Cuenca del Plata y titular de la cámara hotelera de Iguazú. «La remodelación del aeropuerto y la conectividad fueron las claves de este crecimiento», señala la empresaria, una de las referentes del sector.

La remodelación total del aeropuerto Carlos Krause de Puerto Iguazú fue la principal inversión. Una obra de más de 1000 millones de pesos que incluyó la refacción a nuevo de la pista y una nueva terminal de pasajeros de 17.000 metros cuadrados cubiertos y 26 puestos de check in. Iguazú y Salta pelean por el 6° lugar dentro de las aeroestaciones más grandes (detrás de Aeroparque, Ezeiza, Córdoba, Mendoza y Bariloche).

«La conectividad fue clave para que Iguazú pueda crecer a pesar de la caída de la economía, de alguna manera el destino se blindó de la crisis, aunque no se si lo llamaría boom, lo que más queremos es crecer sostenidamente», dijo a este diario, José María Arrúa, ministro de Turismo de Misiones.

Hasta el 2017 solamente Aerolíneas Argentinas /Austral y Latam llegaban al aeropuerto Carlos Krause, con un máximo de 8 a 10 vuelos por día, que conectaban en su gran mayoría con Aeroparque. En cambio, ahora operan en el Krause -que está a punto de finalizar su remodelación total- Andes, Flybondi, Norwegian, JetSmart. En total, son más de 20 vuelos diarios a destinos directos como El Palomar, Córdoba, Mendoza, Salta o Rosario.

Además, desde agosto se produjo un hecho histórico para el aeropuerto donde alguna vez supo aterrizar el Concorde: dos veces por semana llega un Airbus A330 con más de 300 turistas desde el aeropuerto de Barajas. El vuelo es operado por Air Europa y constituye la primera conexión regular de Iguazú con un país que no es Brasil.

Los turistas europeos entran a la Argentina por Iguazú y algunos extienden sus estadías antes de partir a otros destinos dentro del país.

«Es importante que con el próximo gobierno se mantenga esta política aerocomercial. Todas las provincias argentinas estamos conectadas, el pasajero que está acá va para Salta, Mendoza, el Sur, Córdoba en vez de ir a Buenos Aires, así permanece más tiempo en destinos que no son la Capital», completó Durán, que es dueña del hotel El Pueblito y socia del lodge La Aldea.

Menos estacionalidad

Otra característica del boom turístico en Iguazú es que disminuyó la estacionalidad del destino. Antes se trabajaba fuerte en vacaciones y los fines de semana largos y el resto del año estaba semi vacío.

«Ahora hay mucha más actividad por los eventos como el Iguazú en Concierto, además las promociones y los precios más bajos en baja temporada contribuyeron a traer más gente», dice Durán.

«Nuestro destino no paró de crecer, creemos que son varios los factores que llevaron a este éxito, el trabajo mancomunado entre el sector público y privado, una política de Estado que apunta a proteger los recursos naturales y un sector privado que certifica sus emprendimientos en sustentabilidad», dijo Leopoldo Lucas, titular del Iturem.

Para la hotelera Durán, «hoy los hoteles de Iguazú y toda la oferta turística se orienta a lo sustentable y el turista encuentra eso más en el lado argentino que en el lado brasileño de las Cataratas».

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