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La investigación epidemiológica de los casos de coronavirus en Mendoza se complica porque muchas veces involucra temas de la vida privada y hasta delitos. El caso de Maipú desembocó en una causa judicial por tráfico de drogas.

Síntomas parecidos a los de un resfrío o una leve gripe. Tratamiento basado en la espera: no hay remedio más que algunos paliativos y esperar a que el cuerpo reaccione. Igual, en la mayoría de los casos no hay complicaciones severas. Sin embargo la Covid-19 es una enfermedad que genera otros problemas inesperados para quienes la tienen y cuyo abordaje también trae sorpresas. Una de ellas es lo que se descubre con la investigación epidemiológica de cada caso y las dificultades para acceder a la información. El problema es no lo que algunos enfermos cuentan, sino lo que ocultan. Incluso ese proceso avanza sobre la intimidad de las personas.

El paradigma es el caso 98. De un joven enfermo se desencadenó la cadena de contagios más profunda. Pero todo terminó en una investigación penal, pero por algo que nada tiene que ver con el coronavirus. El ya mítico caso 98 es investigado por narcotráfico. La primera noticia que se conoció de ese caso tenía que ver con el trabajador de una una popular bodega que contrajo el virus. Pero al atar cabos se descubrió que los contagios se había disparado no hacia su ámbito laboral, sino por otro lado: la vida privada y la transgresión a las disposiciones para prevenir. Pero no solo eso.

El hombre había organizado una fiesta; un bacanal cuya dimensión crece cada vez que se relata de boca en boca. Parte de la leyenda era real. El «Gordo» tenía relación, según la investigación del juez Walter Bento, con la comercialización de drogas. Por eso el pacto de silencio sobre lo que ocurrió el día de la fiesta y, sobre todo, quiénes participaron. El problema es el temor a quedar involucrados en otro tipo de delitos. La primera investigación fue epidemiológica. Luego un fiscal correccional inició un proceso de oficio por la fiesta clandestina. Y esta semana la justicia federal allanó la casa del protagonista que ahora es acusado por venta de drogas.
Mientras se tramitaba su alta por la enfermedad, le esperaban el «pianito» para registrar sus antecedentes penales con una denuncia mucho más grave. Pero no es el único. La justicia provincial elaboró un mapa con las personas que participaron de la fiesta y también espera el alta para avanzar con posibles imputaciones, aunque en ese caso por violar el artículo 205 del Código Penal.

Nexos
En el caso de Maipú, por ejemplo, el recorrido para buscar contagios incluye ahora los vínculos familiares, pero también los posibles nexos comerciales ilegales del hombre en cuestión; como pueden ser consumidores de las drogas que se vendían en la zona. De nuevo: el rastreo es sanitario.

Desde Salud intentan separar los planos. «La investigación epidemiológica no es una investigación judicial. Se hace para establecer la cadena de posibles contagios, los nexos y vínculos. Es para prevenir que el virus circule», explican. Claro, todo cambia al conocerse la noticia sobre las investigaciones judiciales en curso. El hombre de la fiesta no era un caso aislado. Su actividad ilícita podría tener que ver directa o indirectamente con otros brotes. Está relacionado, por ejemplo, con el camionero que vino de La Matanza y también (pero de manera indirecta) con la comerciante de Luzuriaga que también generó un brote.

Los pactos de silencio por temor y hasta por pudor personal son parte de las investigaciones epidemiológicas de otros casos. En el brote de Las Heras, donde también hubo un fesetejo familiar fuera de las normas, tampoco se pudo conocer el origen y en Salud creen que hay algunos datos «callados» que son clave. Lo mismo en Tunuyán, donde hubo tres casos positivos en los que no se determinó el origen y que puede tener que ver con la vida personal de las personas que contrajeron el virus.

Para el Gobierno no hay circulación comunitaria del virus. Y hablan de contagios en «clúster». Pero las ramificaciones de cada caso se hacen cada vez más complejas. Tanto, que hasta se vinculan unas con otras. Así, llegará el momento en que se haga imposible de rastrear, no por la información disponible, sino por lo que se oculta.

Fuente Mdz

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